País Vasco, Burdeos y Navarra (2ª parte: de Bilbao a San Sebastián por la costa)

Nos despertamos en Bilbao y, tras recogerlo todo y cargarlo al maletero (ardua tarea teniendo en cuenta que llevamos la casa a cuestas...😋😂), nos ponemos en ruta hacia San Sebastián. Hemos decidido hacer el trayecto por la carretera de la costa, una preciosa nacional plagada de pueblos con encanto, acantilados infinitos y paisajes que te dejan sin habla. Este será nuestro recorrido: 

Hay que decir que de Bilbao a San Sebastián se puede llegar en poco más de una hora por la AP-8, pero merece mucho la pena perder un día en recorrer esta carretera tranquilamente y recrearse en su belleza.

Dejamos atrás Bilbao y ponemos rumbo al castillo de Butrón. Este castillo se encuentra en Gatika, a unos 20 km de Bilbao. Llueve por el camino, pero ya anticipamos que los paisajes van a ser bonitos.

Nos sorprende que no haya ningún turista cerca. Seguimos las directrices del GPS pero, en más de una ocasión tenemos la impresión de que nos hemos perdido, debido a que no encontramos a nadie más por el camino. Sin embargo, nos sorprende muy gratamente la belleza del lugar y el bonito camino que hay hasta llegar a él. El castillo es un edificio de origen medieval que la verdad está muy bien conservado. Está cerrado, pero es muy bonito para ver por fuera y el enclave. 

Continuamos el viaje por la carretera dirección Bakio. Es la hora del biberón de Pablo, así que paramos en un precioso mirador. Encontraremos varios a lo largo de la carretera y todos ofrecen vistas espectaculares. 


Seguimos la marcha hacia San Juan de Gaztelugatxe. San Juan de Gaztelugatxe, cuyo nombre significa "castillo de roca" en euskera, es una visita obligada. Se trata de una isla tan pequeña como impresionante. En su punto más alto se eleva una pequeña ermita. La isla está conectada a tierra firme por un puente de piedra. El puente es un estrecho camino de 241 peldaños que zigzaguea de un lado a otro hasta alcanzar la cima. Una vez en la cima, está la iglesia con una campana. Según la leyenda, si llegas y tocas la campana tres veces, se cumple el deseo que pidas. Íbamos decididos a sacar la mochila portabebés y hacer el recorrido con Pablo hasta la campana. Sin embargo, cuando llegamos había muchísima gente, no se podía aparcar en el parking porque estaba abarrotado. Los coches estaban aparcados a lo largo de toda la carretera. Así que decidimos subir a la parte alta desde la que hay unas bonitas vistas de la isla, hacer unas cuantas fotos, disfrutar un rato de la belleza del lugar y proseguir nuestro camino.


Durante todo el trayecto nos sorprenden miradores con acantilados y pueblos de fondo, que son una auténtica maravilla. Otro de los que más nos gustan es el que hay justo enfrente de Bermeo.
 Continuamos hacia Mundaka, un pequeño y pintoresco pueblo que se encuentra dentro de la reserva de la biosfera del Urdaibai. La localidad de Mundaka es un famoso destino de surf por sus particulares playas. Debido a su ubicación, es un lugar perfecto para observar un poco la reserva.



Va llegando la hora de comer y buscamos un asador vasco para cambiar de los pintxos de Bilbao y seguir disfrutando de la gastronomía vasca. Paramos en Forua, en un asador en la carretera que nos deleita con un delicioso entrecot.





Con el estómago lleno y las pilas cargadas, ponemos rumbo a Lekeito. Lekeitio posee una playa que cambia con las mareas, dejando al descubierto una senda de arena que lleva hasta la isla de San Nicolás. Es un pueblo de larga tradición pesquera y también es famoso su colorido y pintoresco puerto.




Nuestra última parada será cerca de Mitriku, en un mirador que no podíamos dejar pasar por alto. Y que pondrá el broche final a esta espectacular ruta por la costa vasca.


En este punto, ponemos rumbo a San Sebastián, del que os hablaré en la siguiente entrada.

"Si no vas, nuca lo sabrás. Toda aventura empieza con un sí"





Comentarios

  1. Beautiful Basc Country. Breathtaking landscapes!

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  2. Me ha gustado mucho la ruta y tu sencillez al contarlo. Las fotos son fantásticas.
    Es muy bonito compartir esas experiencias con el pequeño Pablo. Aunque no se entere, cuando sea más mayor se verá en las fotos y sabrá que siempre ha formado parte, junto a vosotros, de esas aventuras.

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