País Vasco, Burdeos y Navarra (3ª parte: San Sebastián)

Llegamos a San Sebastián por la tarde y nos dirigimos a instalarnos al alojamiento que hemos escogido. El alojamiento en San Sebastián es caro, en general se trata de una ciudad cara y más en agosto. Después de mirar varias opciones, nos decantamos por Residencia universitaria Manuel Agud Querol. Esta residencia cuenta con estudios equipados con cocina y baño, y la relación calidad-precio nos pareció muy buena. El establecimiento se encuentra en el campus de Ibaeta, a 3 km del centro de San Sebastián. Hay transporte público en las inmediaciones, aunque nosotros usaremos el coche para desplazarnos. En el centro de San Sebastián hay varios parkings públicos que tienen tarifas para todo el día, no son baratos, pero nos parecía la mejor opción para movernos con Pablo. Hay que recalcar que para alojarse en este establecimiento es necesario el carnet de alberguista, pero en la misma recepción te lo hacen durante el check-in. Cuesta 10€ y es válido para toda la familia. 

Después de instalarnos, cogemos el coche y nos dirigimos hacia la playa de la Concha, tenemos muchas ganas de ver este lugar. En San Sebastián llueve, pero aun así disfrutamos del primer paseo nocturno por la Concha. 
Es la hora de cenar y nos disponemos a probar los pintxos de Donostia. Para ello nos encaminamos hacia el casco viejo de la ciudad, donde hemos leído que hay calles llenas de bares para deleitarnos de las tapas vascas. Enseguida descubrimos que los precios son bastante más elevados que en Bilbao. Aún así, los pintxos son una delicia y merece la pena darse una vuelta por esta zona de la ciudad. Los bares están abarrotados y nos es difícil entrar con el carro de Pablo a muchos de ellos, así que solo probaremos un par de sitios, todo riquísimo. Tras dar un paseo por esta zona nos iremos a descansar para mañana ir a recorrer sitios emblemáticos de San Sebastián.
Amanece nublado en San Sebastián. Nos levantamos y aprovechamos que Pablo sigue durmiendo para desayunar. Los desayunos los estamos haciendo todas las mañanas en el apartamento. Así dejamos dormir un poco más al peque, nos arreglamos tranquilamente y preparamos todo lo necesario para pasar el día fuera con Pablo. Ayer por la tarde, tras instalarnos, buscamos un supermercado cercano y nos proveímos de cosas para el desayuno. Esta es otra de las razones por las que hemos buscado todos los alojamientos con cocina. Tras todas las tareas matutinas, nos subimos al coche dirección a la Concha. 



El nombre de esta playa no deja dudas sobre su forma. Vista desde arriba, es una curva perfecta flanqueada por dos colinas que sobresalen. Y al nivel del suelo, es un hermoso paseo marítimo con un telón de espléndidas fachadas y con su icónica barandilla. Sin duda el enclave hace que sea un sitio maravilloso. Justo hace unos días la playa de la Concha fue elegida como la mejor de Europa y la sexta mejor del mundo en los premios Traveller's Choice que otorga Tripadvisor. La concha elegida mejor playa de Europa.

Comenzamos el paseo en el ayuntamiento, sin duda una construcción que no pasa desapercibida. Hay que decir que la arquitectura de la ciudad es muy señorial y da gusto pasear por sus calles. 
Pasearemos a lo largo del paseo marítimo rumbo al palacio de real  Miramar. Donostia está protegida por tres montes: el monte Urgull, el monte Igueldo y monte Ulía. Por falta de tiempo nosotros solo visitaremos el monte Igueldo. El monte Urgull, eregido sobre la parte vieja, guarda en su interior el Castillo de la Mota, que data del siglo XII y sirvió de defensa de la ciudad. Sin duda, las vistas a lo largo de todo el paseo son maravillosas.
Ya casi llegando a Miramar nos encontramos con el túnel del antiguo. Este túnel cruza bajo el Palacio de Miramar y conecta el paseo de la Concha con Ondarreta. El túnel ha sido decorado por el artista Víctor Goikoetxea y permite a los transeúntes que lo cruzan experimentar la sensación de sumergirse entre la tierra y el mar.
 Y llegamos al Palacio de Miramar. Este edificio de estilo inglés es uno de los lugares que no se puede uno perder en Donostia. Fue construido en 1893 a petición de la reina María Cristina de Austria quien veraneaba habitualmente en San Sebastián. Frente al palacio de extienden unos preciosos jardines repletos de flores y como fondo, la preciosa bahía de la Concha. Merece la pena sentarse un rato en este lugar y dejarse maravillar por el entorno.




Tras este remanso de paz y belleza, volvemos de nuevo hacia el casco antiguo. El día se está poniendo feo. Paseamos un rato por la playa, empiezan a caer unas gotas de lluvia, así que nos refugiamos en el paseo techado que hay frente a la concha. Cuando para un poco continuamos paseando por la ciudad. De pronto empieza a caer un chaparrón que nos obliga a refugiarnos en un portal durante un buen rato. Tras la lluvia, nos ha entrado hambre y decidimos buscar algún lugar tranquilo donde poder sentarnos y secarnos 😅. Hoy queremos probar algún restaurante donostiarra, dejamos los pintxos para la cena. San Sebastián tiene una oferta gastronómica muy rica y variada y restaurantes de todo tipo. Las horas que son están todos los sitios abarrotados, así que más que elegir, nos sentamos en el que había sitio. Y nos homenajeamos con un menú delicioso.



Tras la deliciosa comida nos disponemos a seguir descubriendo la ciudad. Queremos visitar los tres famosos puentes de la ciudad. A pesar de que existen algunos más, hay tres puentes en San Sebastián que encierran gran parte de su historia. El primero es el Puente de la Zurriola, más conocido como el Puente del Kursaal ya que une este edificio con el centro de la ciudad. Sus farolas de estilo futurista iluminan este glamuroso paso situado entre el Palacio Kursaal y el Teatro Victoria Eugenia, sede de grandes acontecimientos de la vida cultural donostiarra. 
El segundo es el Puente de Santa Cristina, posiblemente el más histórico y bonito de la ciudad, que fue levantado en 1905 como símbolo de modernidad. Destaca su cuidada decoración y los obeliscos que limitan los extremos del puente. 

El tercero de los puentes fue, en realidad, el primero que se construyó. Se trata del puente de Santa Catalina, construido en 1872. Se trata de una construcción de estilo neoclásico que fue el primer puente que cruzaría el río Urumea en la historia de San Sebastián. 
Dejando atrás los puentes, nos encaminamos hacia la catedral del Buen Pastor. Se trata de la construcción religiosa más grande de Donostia, de estilo neo-gótica se encuentra presidiendo el centro de la ciudad.
Para poner el colofón a este día, decidimos subir al Monte Igueldo. A la parte alta del monte se puede subir en funicular o en coche. Nosotros nos decantaremos por la segunda opción. Os dejo un enlace con las tarifas del funicular y de la subida en coche: www.monteigueldo.es
Las vistas desde la parte más alta son espectaculares. Sin duda, una vista más que recomendable desde la que se puede admirar la belleza y grandeza de esta ciudad. 
El recinto cuenta, además, con un pequeño parque de atracciones con 20 atracciones. Un sitio ideal para ir con los niños donde disfrutarán pequeños y mayores. 


Tras esta encantadora visita, volveremos a la residencia universitaria a descansar un rato para luego, salir a despedir la ciudad como se merece: con unos deliciosos pintxos. Y así nos despedimos de una ciudad que nos ha fascinado. Donostia...¡qué bonita eres!

Al día siguiente pondremos rumbo hacia Burdeos, haciendo una ruta por el País Vasco Francés. Os lo cuento en la siguiente entrada.  

"Si no vas nunca lo sabrás. Toda aventura empieza con un sí"

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